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15.3.14

Aplicación del sensor del oxímetro de pulso durante la reanimación neonatal: un ensayo aleatorio controlado.

Autores: Louis , D. ; Sundaram , V. ; Kumar , P.


Fuente: Pediatrics Vol. 133 N º .3 Página: 476-82 Fecha de publicación: 01/03/2014

Los autores compararon 2 técnicas de aplicación del sensor de oxímetro de pulso para la detección de señales más rápida, durante la reanimación neonatal. La colocación del sensor al recién nacido primero y luego al oxímetro (STIF), se comparó con la colocación del sensor primero al oxímetro y luego al recién nacido (STOF), en neonatos de 28 semanas de edad gestacional. El resultado primario que evaluaron, fue el tiempo de finalización de la aplicación del sensor hasta la señal fiable, definida como presentación estable de la frecuencia cardiaca y la saturación. Los resultados secundarios que evaluaron fueron: el tiempo desde el nacimiento hasta la aplicación del sensor, tiempo necesario para la aplicación del sensor, el tiempo desde el nacimiento hasta la señal confiable, y la necesidad de volver a aplicar el sensor. Realizaron un análisis por intención de tratar, y el análisis de subgrupos lo realizaron para la edad gestacional y la necesidad de reanimación. Se asignaron al azar ciento cincuenta neonatos en dos grupos de 75 para cada técnica. La mediana (IQR) tiempo desde la aplicación del sensor hasta la detección de señal fiable era mayor en el grupo STIF en comparación con el grupo STOF (16 [15-17] frente a 10 [6-18] segundo, P < 0,001). El tiempo necesario para la aplicación del sensor fue mayor con la técnica STIF que con la técnica STOF (12 [10-16] frente a 11 [9-15] segundos, p = 0,04). El tiempo desde el nacimiento hasta la señal fiable no difirió entre los 2 métodos (STIF: 61 [52-76] segundos; STOF: 58 [47-73] segundos [P = 0,09]). El tiempo necesario para la adquisición de la señal era más largo con STIF que con STOF en ambos subgrupos. Concluyen que en el entorno de sala de parto, el método STOF reconoció la saturación y frecuencia cardíaca más rápido que el método STIF. El tiempo desde el nacimiento hasta conseguir una señal fiable fue similar con los métodos 2.



1.3.14

Restricción del crecimiento fetal y riesgo cardiovascular en niños


Autores: Vincent W V Jaddoe VW, de Jonge LL, Hofman A, Franco OH, Steegers EA, Gaillard R

 
Fuente: BMJ 2014:348

   Las adaptaciones del desarrollo fetal a exposiciones ambientales adversas pueden afectar permanentemente la estructura y la función del aparato cardiovascular y causar aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular en la adultez.
La velocidad del desarrollo es máxima durante el primer trimestre del embarazo. Este período es esencial para el desarrollo de los órganos cardiovasculares y metabólicos y por ello puede ser crucial para la salud cardiovascular en la infancia y la edad adulta.
Se desconoce si la restricción del crecimiento fetal en el primer trimestre se asocia con factores de riesgo para enfermedad cardiovascular más adelante.
En este estudio poblacional prospectivo de cohortes con 1184 madres (que sabían la fecha del primer día de su última menstruación y tenían ciclos regulares) y sus hijos, se analizaron las asociaciones entre la longitud céfalo-caudal en el primer trimestre y los factores de riesgo cardiovascular en la infancia.
Los parámetros cardiovasculares de interés fueron el índice de masa corporal, la distribución de la grasa corporal, la presión arterial, las cifras de lípidos y de insulina. Todos ellos son factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en la vida adulta.
Este estudio es parte del Generation R Study, un estudio poblacional prospectivo de cohortes desde comienzos del embarazo, efectuado en Rotterdam, Países Bajos. Participaron 1184 niños con mediciones de la longitud céfalo-caudal en el primer trimestre del embarazo (entre las 10 y las 13 semanas), cuyas madres recordaban la fecha del primer día de su última menstruación y tenían ciclos regulares. Se midieron también el perímetro cefálico, el perímetro abdominal y la longitud femoral en el segundo y el tercer trimestre del embarazo mediante procedimientos ecográficos estandarizados. Se determinaron el peso y la talla a los 6, 12, 24, 36 y 48 meses.
Para todas las mediciones se emplearon cartillas de crecimiento a fin de construir los valores de las desviaciones estándar con un paquete comercial (Growth Analyser 3.0, Dutch Growth Research Foundation, Rotterdam, Netherlands).
Los niños fueron estudiados nuevamente a los 6 años, edad en la que se determinaron el índice de masa corporal, la distribución de la grasa abdominal y la grasa total, la presión arterial y las concentraciones sanguíneas de colesterol, triglicéridos, insulina y péptido C.
Los autores  observaron que el menor tamaño fetal en el primer trimestre se asoció con distribución adversa de la grasa corporal, mayor presión diastólica y un perfil de colesterol adverso en la infancia. La restricción del tamaño fetal en el primer trimestre también se asoció con mayor riesgo de un conjunto de estos factores de riesgo cardiovascular en la infancia. Estas asociaciones no se pudieron explicar por características maternas, del parto o del niño.
 Las exposiciones fetales adversas pueden llevar a adaptaciones evolutivas precoces, entre ellas cambios en la anatomía, la fisiología y el metabolismo de diversos sistemas orgánicos. Estas adaptaciones quizás sean beneficiosas para la supervivencia inmediata, pero pueden tener consecuencias adversas al nacer y más adelante, tales como mayor riesgo de bajo peso de nacimiento y enfermedades frecuentes en la adultez.
 Estudios que muestran la asociación del bajo peso de nacimiento con el aumento de riesgos de enfermedad cardiovascular avalan esta hipótesis. El bajo peso de nacimiento no es el factor causal de enfermedades en la vida adulta, sino sólo el resultado de diferentes exposiciones fetales y diferentes patrones de crecimiento y el punto de partida del crecimiento en la infancia. La mayoría de los niños con bajo peso al nacer tienen un crecimiento compensatorio que los lleva a tener peso normal a partir de los 2 años.
Los autores  concluyen que, estos resultados sugieren que el primer trimestre del embarazo puede ser un período crucial para la aparición de factores de riesgo cardiovascular en la adultez. Las asociaciones observadas son sobre todo importantes desde una perspectiva etiológica y que son necesarios más estudios para identificar los mecanismos biológicos causales de base y las consecuencias alejadas. A futuro, las estrategias para una mejor salud cardiovascular pueden comenzar desde el embarazo o incluso antes de la concepción.